¡No te oigo…!

Para lograr un entendimiento, hay que saber escuchar

El templo de Salomón

“¡No me estás escuchando!”, le reclama su esposa. “¡Claro que sí!”, piensa usted. Y tal vez sea verdad, pero es obvio que escuchó algo muy distinto a lo que ella le dijo. Entonces comienza una nueva pelea.

Usted puede evitar estos encontronazos, pero antes tiene que entender por qué se le van algunos detalles cuando su esposa le habla, aunque crea que sí la está escuchando.

Está distraído, cansado o las dos cosas. Los chicos están gritando, el televisor está a todo volumen y usted está pensando en el problema que tuvo en el trabajo. Ahora su esposa le dice que esta noche vienen unos amigos a cenar. Usted asiente con la cabeza, pero ¿realmente la ha escuchado? Lo más seguro es que no.

Llega a conclusiones precipitadas. Si le imputa malos motivos a su esposa y no deja que termine de hablar, solo empeorará las cosas. Por…

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