“EL COLLAR ROBADO”

“EL COLLAR ROBADO”

 

“EL COLLAR ROBADO”

30 DE JUNIO DE 1520, MÉXICO TENOCHTITLAN.

 

Durante la conquista de la Gran Tenochtitlan, cuando los españoles huían, hecho histórico conocido como la “Noche Triste” (para los españoles), Pedro de Alvarado, uno de los más feroces capitanes de Cortés, efectuó un gran salto en uno de los puentes del camino a Tlacopan, el famoso salto de Alvarado en el ahora llamado Puente de Alvarado.

En ese salto, perdió casi todo lo que él llevaba del tesoro robado a Moctezuma, pero pudo salvar un collar de chalchihuites, como los aztecas llamaban al jade, pero también a las esmeraldas; este collar era de esmeraldas.

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Como ladrón que roba a ladrón, tiene 100 años de perdón, Pedro no entregó el collar a Cortés para ser repartido entre el Rey, Cortés y los soldados.

 Ver:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com/2014/03/10/yo-ame-a-pedro-de-alvarado-2-a-precuela-hernan-cortes-y-la-noche-triste/

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Después de la Conquista, ya instalados los españoles en la Nueva España, Alvarado se encaprichó con una joven indígena de Xochimilco, llamada Xóchitl, a la cual embarazó y ante la alternativa de casarse con una india, cumpliendo así como caballero con la mujer que amaba, o casarse por interés con una española que le conviniera, Pedro de Alvarado enfureció y golpeó a Xóchitl, gritándole los más soeces insultos.

 

-¡Maldita, hija de puta! ¿por qué carajos te embarazaste? ¡joder! – y así siguió haciendo gala de su léxico vulgar, mientras la golpeaba y pateaba en el vientre de tal manera que la hizo abortar, por lo que ella se regresó a Xochimilco con su familia y cuando estaba convaleciendo Pedro de Alvarado fue a pedirle perdón.

-¡Perdonadme!, ¡joder! Que no sabía lo que hacía, yo tengo planes de casarme bien, con una española de abolengo, no puedo casarme con vos, ni reconocer al chaval, por eso me enfurecí, pero, mirad, os traigo este regalito, algo que perteneció a tu Huey Tlatoani, Moctezuma II – dijo sacando de su alforja un hermoso collar de esmeraldas.

Y le ofreció el valioso collar de esmeraldas como ofrenda de paz. Ella no quería perdonarlo ni aceptar el collar,

-No Pedro, lo que hicisteis no tiene perdón, no quiero nada, nada suplirá a mi bebé no nacido.

Alvarado insistió y ella al fin accedió a ambas cosas.

 

Pedro se paró atrás de ella para ponerle el collar en el cuello; ambos contemplaron por unos segundos la imagen (vista de frente) en un espejo que Pedro le había regalado a Xóchitl; el pelo rojo de él en contraste con el negro de ella eran muy notorios, ambos lo captaron, sonrieron y ella volteó para mirarlo intensamente a los ojos, aunque él era un hombre violento perteneciente a los enemigos, ella lo amaba, no tenía remedio.

Pedro de Alvarado se despidió y regresó a la Ciudad de México, mientras Xóchitl se quedó en Xochimilco, pues aún estaba convaleciente del aborto.

Los chismes corrieron y la gente de Xochimilco se enteró de lo ocurrido y el Consejo de ancianos le requisó el collar a la joven, para enterrarlo en el fondo de una chinampa.

-Aquí estará seguro – comentó uno de los ancianos – junto a nuestros dioses que han sido enterrados aquí para esconderlos de los invasores.

El entierro se hizo en una ceremonia nocturna, con todo el pueblo como testigo, observando desde sus chalupas y trajineras y alumbrándose con antorchas.

Un indio joven se sumergió con el collar en la mano, salió a respirar y volvió a sumergirse, ante las exclamaciones de todo el pueblo que lo observaba y las lágrimas de Xóchitl por haber perdido su collar.

Al amanecer, las trajineras se retiraron lentamente, atrás de la chinampa donde fue enterrado el collar, podía contemplarse el paisaje inamovible de el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, los volcanes guardianes. 

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1996, CIUDAD DE MÉXICO.

Fiesta de jóvenes universitarios, en la que se conocieron Pedro Álvarez (pelo negro) y Flor Pérez (pelirroja) y se dio el flechazo [ellos no lo sabían, pero eran las mismas almas de Pedro de Alvarado y Xóchitl, pero cambiadas, Pedro era Flor y Xóchitl era Pedro]. Él estudiaba biología y le gustaba bucear, ella estudiaba arqueología y se especializaba en las joyas prehispánicas, sobre todo las aztecas; tenía obsesión por el Tesoro de Moctezuma y siempre vestía ropa folklórica.

Fueron novios durante un año y finalmente Pedro le pidió matrimonio, ella aceptó y, para festejar, fueron a Xochimilco a pasear.

En el mercado de artesanías -entre otras joyas-, vieron un collar de jade más o menos elaborado y a ella le brillaron los ojos.

-Mira amor, esas joyas son réplicas de joyas que los españoles robaron a los aztecas durante la conquista.

 

Pedro, muy galante, lo compró para obsequiárselo y se lo puso al cuello, ella volteó a verlo a los ojos con una mirada llena de amor.

-Gracias, mi vida, ¡es hermoso!

 

Luego fueron a recorrer los canales en trajinera. Durante el trayecto comieron sándwiches, envueltos en bolsas de plástico, que llevaba Pedro en una bolsa de yute, al darle los sándwiches a Flor, Pedro comenta,

-No creas que los hice yo, fue mi hermana, quien a veces va a mi casa a hacerme algo de comida y también, tan linda, hace la limpieza.

Flor rió – pues no cuentes conmigo para eso, no soy ama de casa – Pedro la mira serio, pero tratando de no dar importancia al comentario.

Siguieron paseando en la trajinera, se pusieron algo románticos y durante un beso apasionado, Pedro sin querer desabrochó el collar y éste cayó al agua (curiosamente en el mismo paraje y chinampa, donde el collar de Xóchitl fue enterrado, atrás, se contemplan los volcanes, Iztaccíhuatl yPopocatépetl ).

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Como Pedro sabía bucear, la hizo de héroe y se lanzó al agua a recuperarlo. Tardó mucho tiempo, salió a respirar y se volvió a sumergir (exactamente igual que el indio que enterró el collar de Xóchitl).

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Flor estaba muy angustiada, como Pedro tardaba mucho, le pidió al lanchero que lo buscara y éste se lanzó al agua; poco tiempo después apareció, llevando a Pedro medio ahogado.

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Lo sacaron y Flor le dio respiración de boca a boca y aunque Pedro casi se recuperó, decidieron llevarlo al hospital. Cuando lo iban a meter al coche, Flor descubrió que Pedro tenía el puño derecho muy apretado, lo abrió y encontró un trozo de lodo con raíces y el extremo del collar aprisionado adentro del terrón; se lo quitó a Pedro y lo guardó en la bolsa de yute, en una bolsa de plástico donde habían estado los sándwiches.

Pedro ya estaba en su recámara, postrado en la cama, pálido y demacrado.

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-Mi amor, qué bueno que ya estás en tu casa, ya sólo es cuestión de que te recuperes.

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-Sí, nena, no hay nada como el hogar, dulce hogar.

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-Y mira que sólo pasaste una noche en el hospital, imagínate si hubieran sido más… no, mejor no te lo imagines, jajaja – le dijo Flor arreglándole las almohadas y cobijas.

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-Lo bueno es que mi hermanita no me falló y limpió la casa y me dejó comida preparada.

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-Sí, adoro a mi cuñadita.

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-¿Sabes, nena? tuve sueños extraños: una batalla, una huida, agua que lo rodeaba, pero no lograba recordar más.

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Se besan y él recuerda la causa de sus padecimientos.

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-¿Por cierto, siquiera valieron la pena mis sufrimientos? ¿recuperé tu collar?

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Flor casi se desmayó al recordar que lo puso en una bolsa de plástico con basura y fue a buscarla al bote de basura de la cocina; la bolsa estaba recién cambiada y vacía… corrió al patio del edificio, donde estaba el tambo en el que todos los vecinos colocaban sus bolsas con basura, sacó varias de diferente tamaño y color, hasta que reconoció una igual a la que vio en el bote de la cocina de Pedro. La abrió y sacó basura (sólo papeles y basura orgánica), pero casi al fondo estaba una bolsa de plástico con servilletas y un trozo de tierra, lo sacó y vio un extremo del collar, rápidamente devolvió todo lo demás al tambo y subió corriendo a enseñárselo a Pedro. Éste sonrió y ella fue al baño a lavar el collar, tiró grandes trozos del terrón a la basura y los remanentes de tierra los enjuagó en el lavabo.

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Cuando lo estaba secando, llegó Pedro. Flor lo extendió entre sus manos esperando la reacción de Pedro quien  quedó asombrado de la belleza del collar (el mismo que Alvarado le regaló a Xóchitl) y se dio cuenta de que no era el que se le cayó a Flor, se miran a los ojos y él toma el collar para ponérselo en el cuello (ella de frente al espejo sobre el lavabo, él a espaldas de ella), cuando terminó de abrochar el valioso collar de esmeraldas, levantan la vista al espejo del baño y ven reflejados a Pedro de Alvarado y Xóchitl, con los trajes de época y ella luciendo el collar…

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  1. Puebla de Zaragoza, Mayo de 1996, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

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Cuento basado en la novela “Pedro y Xóchitl o (El Conquistador Conquistado), de Silvia E. Ruiz.

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Ciudad de México, publicado 11 de septiembre de 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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